El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Álvaro Morales
Sentir Cívico Álvaro Morales

Un Presidente humano

12 febrero, 2019

Todos los días, a las 4:30 de la mañana, llegan a Palacio Nacional las personas convocadas para las primeras juntas del día, unos minutos después llega el Jetta blanco con el Presidente. Por poco más de dos horas recibe informes, tiene reuniones, escucha buenas y malas noticias, toma decisiones y analiza lo que dirá en su junta diaria que inicia a las 7:00 de la mañana. Ahí, en Palacio Nacional, frente a una gran cantidad de periodistas y millones de televidentes, diariamente toma el micrófono y da cuenta de lo que pasa en la vida nacional. Después inicia el trabajo duro, sale el Jetta, toma un vuelo comercial, atiende a la ciudadanía durante el vuelo, más reuniones, arranques de programas, más discursos, toma carretera, llega a un Oxxo por un café o para a la orilla del camino por un jugo de piña, toma otro vuelo comercial, o lo pierde y regresa por carretera, más reuniones, duerme un poco y vuelve a empezar, otro día, 4:30 de la mañana, con la esperanza de que sea un mejor país que el día anterior. Para tener esa entrega hay que amar mucho a México.

No es fácil ser él, sólo el rey sabe el peso de la corona. No es fácil querer transformar a un país cuando aún hay quienes no quieren transformarse. No es fácil entender su visión cuando hay quienes pretenden nublar el panorama. Para entenderlo hay que escucharlo y comprender nuestra realidad, el México que somos y el que siempre hemos querido ser.

Por eso, mientras algunos hablan de incrementar la riqueza, él habla de una distribución equitativa de esa riqueza mediante programas sociales que impulsen una mejor vida para los mexicanos y una inyección de recursos al gasto diario. Mientras hay quienes exigen que se defienda a Venezuela, él habla de primero arreglar los asuntos de nuestro propio país, de atender primero nuestras necesidades y nuestros propios fantasmas. Cuando hablan de un plan mal diseñado contra el huachicol, él habla de rescatar la riqueza de nuestro país que se iba a manos llenas e invertirlo en medicinas y salud para todos. Mientras hay quienes ven una amenaza en el aumento del salario mínimo, él ve ese incremento como una manera de dignificar el trabajo de los obreros nacionales cuyos sueldos son más de 10 veces menos del salario mínimo de Estados Unidos, sólo cruzando un puente.

Hay quienes quieren hacer ver que ayudar a jóvenes que no estudian ni trabajan es tirar el dinero, malgastarlo, regalarlo imprudentemente, en cambio él ve un programa que pretende dar oportunidad a esos jóvenes de que retomen sus estudios, de aprender a trabajar, de entender sus necesidades y rescatarlos antes de que caigan en un camino equivocado. Y sí, hay quienes denigran y desestiman las consultas ciudadanas, mientras él ve una manera de darle a la gente el poder de decisión sobre la cosa pública que tanto hemos anhelado.

Para entenderlo hay que saber que él no habla de izquierda o derecha, sino de justicia social, de la dignificación del pueblo mexicano, de la eliminación de la corrupción. Hay que entender que no habla de la moral como el árbol que da moras, ni como la religiosidad de la conducta, no, habla de recuperar los principios y valores que reconstruyan la familia, la comunidad, el tejido social. Andrés Manuel pretende transformar el país, dignificar al Estado, empoderar al pueblo. Y no se dignifica al Estado con grandes aviones, altos salarios o funcionarios intocables, no, el servicio público se dignifica sirviendo, así sea desde Palacio Nacional, desde un avión comercial, desde un Jetta o desde la humilde mesa de una fonda. Porque no es un cargo público lo que le da valor a una persona, sino la persona la que le da ese valor al cargo.

Andrés Manuel no es un profeta ni un mesías, es un idealista que cree en el ejemplo, en el perdón, que cree en ti, en mí, en los mexicanos. Es un hombre con temores y errores, pero cuyo mayor temor es fallar como Presidente. Por eso no todos logramos entenderlo por completo, porque en tantos años jamás habíamos visto un Presidente tan humano, tan entregado. No logramos entenderlo porque nos resulta difícil creer que un hombre en el poder se reduzca el salario, viaje en aviones comerciales, sea tan accesible. No logramos entender que su fin no es morir con riquezas, sino inmortalizarse en la historia y en la memoria de los mexicanos como un gran Presidente. No logramos entenderlo porque hacía mucho que no veíamos a alguien así, tanto que se nos hizo costumbre, una mala costumbre, tener malos gobernantes.