El Mañana

sábado, 07 de diciembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Un sorbo a esa taza de recuerdos

22 mayo, 2019

Despierto, nuevamente siento que todo me da vuelta, busco un punto fijo para enfocar mi mirada, sin querer, ubico esa foto por muchos años en ese mismo sitio colgada, me levanto y acudo de inmediato a ese otro rincón de la casa, ahí me siento, nuevamente y en silencio; extiendo mi mano sobre esa mesa y alcanzo, aunque mis dedos estén como lerdos, la tomo, hacia mí la arrastro y por fin logro darle un sorbo a esa taza de recuerdos.

Hoy, ya no tejo chambritas sino memorias, busco, quizás ni lo sé, pero no encuentro nada, me enfurece que en el universo de mi cuerpo no se encuentre ya ni tan sólo una señal de tu presencia, de tu mirada.

Vago y nuevamente hacia ti, se me hace tan largo el camino, pero tan corto en pensamientos, quiero cortar esa flor y me espino, trato de encontrarle forma a esa nube y se me borra la vista, busco el sitio en donde te encuentras, de inmediato lo encuentro pues el corazón fuertemente me palpita, el tiempo a veces amigo, en otras enemigo, allana nuevamente el destino.

Te soy sincera, hoy para venir ante ti, me he puesto nuevamente aquel vestido a cuadros que tanto te gustaba, sí, aquel que en no sé cuántas fechas una y otra vez “estrenaba”; en verdad que yo lo odiaba, pero no me importaba, tan sólo disfrutaba el verte y tenerte contento.

Aquí, sí aquí me gusta estar, frente a ti ya no me siento más sola, cómo quisiera que muchos me comprendieran que tú aún arrancas esa indeseable soledad de mi lado; leo y vuelvo a leer esas letras en molde que ahí están grabadas, tu fecha de advenimiento tan importante para mí al coincidir con mi ser, tu triste partimiento.

Mi sombra empieza a desvanecerse, me indica que es tiempo de revivir, eso me hace recordar de aquellos días en que me cuestionabas si tenía miedo y asentí; he de reconocer que, ante todas las adversidades, sí que traté de ser valiente, pero ante tu partida juro que y desde aquel momento que por igual fallecí.

Día a día no comprendo cómo es que el llegar a ti se me hace tan lento, eterno, y a mi regreso, el reloj del tiempo me empuja con tanta rapidez y sin ningún remordimiento cual si fuera el viento.

Llego nuevamente a mi oscuridad, y de ti confieso no lleno; corro, busco algunas de tus herramientas que a diario utilizabas y encuentro, tomo y firmemente ese destornillador y quiero y de inmediato desprender el cielo, tan sólo ese pedacito, así, así recibir nuevamente tu consuelo.

El dolor cuando no es propio en verdad que no lastima tanto como el que lo sufre y lo vive en carne propia, el pasar esa pareja, de ser toda una compañía, toda una aventura de vida a ese inerte pensamiento, en verdad que duele y mucho, hoy no se entiende el porqué la gente cada día es menos sensible a ese ajeno transe, a ese sufrimiento; ojalá que en estas épocas ya tan modernas, no se pierda, no se relaje ese triste evento, sentimiento, así no se permita más que a través de ningún medio, de una imagen o comentario, la burla sea parte normal de ese dolor insuperable, tan intenso.