El Mañana

jueves, 19 de septiembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Un trance solitario

11 julio, 2019

Don Mitrato Testornata le confió a un amigo: “Estoy empezando a sospechar que mi mujer me engaña. Estamos construyendo una nueva casa, de una sola planta, y le pidió al arquitecto que el clóset de la recámara tenga salida a la calle”… Varios billetes de 500 pesos estaban conversando, y los oía una monedita de 5 pesos. Habló con orgullo uno de los billetes: “¡Qué bien nos la pasamos los domingos! Nos llevan a restaurantes de lujo, a un palco en el futbol, a jugar póquer… ¡Vamos a los mejores sitios!”. Dijo muy triste la monedita de 5 pesos: “¡Qué suerte tienen ustedes! ¡En cambio a mí al único lugar que me llevan los domingos es a la iglesia!”… Acnerito llegó a la adolescencia. Cierto día su mamá lo sorprendió en trance solitario de carnalidad. No se preocupó la señora, pues bien sabía que tal cosa es propia de la edad y que ningún mal deriva de ella en circunstancias de normalidad. Pero notó que aquello se repetía con frecuencia, y entonces sí se preocupó. Decidió llevar a Acnerito con el señor cura. El padre Arsilio lo recibió en la sacristía, tras atender a una feligresa que le había llevado un pastel a regalar. Previamente enterado del problema por la mamá de Pepito el sacerdote le preguntó al muchacho: “¿Por qué haces eso, hijo?”. Contestó Acnerito: “Para matar el tiempo, padre”. En eso el sacristán le avisó al señor cura que alguien le hablaba por teléfono. Salió el padre Arsilio. Cuando regresó, el pastel había desaparecido. Preguntó: “¿Dónde está mi pastel?”. Confesó Acnerito: “Me lo comí”. “¿Por qué?” -se indignó el párroco-. Explicó el adolescente: “Es que usted tardó mucho, y no tenía nada qué hacer”. “¡Desgraciado! -clamó hecho una furia el padre Arsilio-. ¿Y por qué en vez de comerte el pastel no te pusiste a matar el tiempo?”… Un parroquiano de la casa de mala nota protestó por el excesivo cobro que pretendía hacerle la muchacha. “¿5 mil pesos? -se indignó-. Estás loca si piensas que te voy a pagar ese dinero. ¡Yo no soy el indejo de nadie!”. “¡Pobrecito! -respondió la daifa con acento de fingida compasión-. ¿Y no has buscado alguien que te adopte?”… Babalucas era chofer de un autobús urbano. Una señora que se disponía a subir le preguntó: “¿Hasta dónde llega este camión?”. “¡Qué pregunta! -respondió con molestia el badulaque-. ¡Hasta las defensas, claro!”… Una mujer mal encarada le dijo a Capronio: “Soy de Búfalo”. Replicó el incivil sujeto: “Se nota el parecido”… Aquella señora era invidente, y sorda además. Tenía un hijo gangosito. Un domingo fueron a misa. Llegó el momento en que todos los fieles debían arrodillarse, y para señalar eso el acólito hizo sonar la campanilla. Se arrodillaron todos, menos la señora, pues no oyó la señal ni vio hincarse a los demás. “Señora -le dijo un feligrés que estaba atrás-. Hínquese”. La señora, claro, no oye lo que le decía el hombre, y siguió sentada. “Señora, hínquese” -repitió el feligrés-. Y nada. El señor entonces se dirigió al niño y le dijo: “Niño, hinca a tu madre”. “¡Y usté hingue a la juya” -replicó hecho una furia el gangosito-… Don Astasio llegó a su casa cuando no se le esperaba. Entró en la recámara y vio una escena que lo dejó pasmado: su joven esposa se hallaba tendida en el lecho, en negligé, mientras en el centro de la habitación estaba un individuo sin nada de ropa encima. Antes de que el estupefacto marido pudiera articular palabra habló el sujeto: “Qué bueno que llega usted, señor. Soy el abogado del banco, y le estaba diciendo a su esposa que así como estoy yo lo vamos a dejar a usted si no nos paga el saldo de su tarjeta de crédito”… El señor y la señora estaban comiendo en compañía de su hijito. De pronto el niño dejó de comer y le pregunta a su padre: “¿Por qué cuando estás en la recámara con mi mamá oigo que la cama hace ‘chirrín chirrín’?”. El señor y la señora se turbaron. Tosió él, y para ganar tiempo y pensar alguna respuesta le preguntó a su vez al pequeñín: “¿Por qué me preguntas eso, hijo?”. Respondió el niño: “Porque cuando tú estás en la recámara con mi mamá la cama hace: ‘chirrín chirrín’, pero cuando está el vecino la cama hace: ¡chas, cuarrás, pum, cuaz, bang, zas!’”… FIN.