El Mañana

miércoles, 26 de junio de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Una casa de mala nota

7 junio, 2019

El cuento que abre hoy el telón de esta columnejilla es de color subido, muy subido. Lo leyó doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y de inmediato le sobrevino un acceso de singultos tan intenso que para aliviar a la señora su médico de cabecera hubo de administrarle una potente menesunda. Quien no quiera exponerse a un accidente igual debe abstenerse de leer el vitando chascarrillo que ahora sigue… Tres individuos acudieron a una casa de mala nota. El dicho establecimiento tenía una particularidad extraña: cobraba según la medida de entrepierna que tuviera el cliente. A medida mayor, mayor tarifa. Acabado el menester que ahí los había llevado, los tres sujetos salieron del local y al punto comentaron lo que a cada uno le habían cobrado. Resultó que dos de ellos habían pagado mucho, y el tercero poco. Explicó éste antes de que los otros aventuraran alguna otra explicación: “Es que ustedes pagaron a la entrada, y yo a la salida”. (No le entendí)… “Ahora que nos vamos a casar -le dijo él a ella- no te pido nada. Lo único que espero de ti es que me seas fiel”… “Está bien -aceptó ella-. Te seré fiel con la mayor frecuencia que me sea posible”… Ya conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. Su esposa le contó a una amiga: “Anoche mi marido me besó la mano cuando estábamos cenando”. Comentó la otra: “¡Qué romántico!”. “No -aclaró la mujer del majadero-. Es que no había servilleta”… Declaró don Languidio: “Hace unos días me tomé una pastilla de Viagra y se me atoró en la garganta. Es fecha que todavía no puedo doblar el cuello”… El marido iba a salir de viaje. Su mujer le pidió: “Dame para pagarle al casero lo que le debemos”. “No tengo dinero -negó el hombre-. Hazle como puedas”. Al regreso del tipo le informó la señora: “Hice lo que pude, tal como me dijiste. Le di al casero algo que le gustó bastante. Con eso le pagué todo lo que le debíamos. Y en la semana que estuviste ausente quedaron pagados también los próximos 14 meses”… Terminó el trance de amor, y el indio maya le dijo muy ufano a la doncella: “Deberías darme las gracias por esto, Nikteria. Después de lo que acabo de hacerte ya no corres el riesgo de que los sacerdotes te echen al cenote de las vírgenes”… Una empresa comercial publicó un aviso en el periódico solicitando un experto en computación. Entre los aspirantes al cargo estaba un perro, salchicha por más señas. El jefe de personal se asombró al verlo, pero el caniche habló y le dijo que tenía una maestría en sistemas computacionales. Más estupefacto aún por oír hablar al perro el encargado accedió a ponerle la prueba que iba a aplicar a los demás. No sólo la presentó el salchicha: obtuvo entre todos los examinados la calificación mejor. “Lo felicitó -le dijo el jefe de personal-. Pero dígame: ¿habla usted un segundo idioma?”. Respondió el perro: “Miau”… Florenciana, estudiante de enfermería, gustaba de practicar en forma asidua el sexo, y lo hacía con Pedro, Juan y varios, pero se negaba terminantemente a tomar la píldora anticonceptiva. Una compañera suya le dijo que su modo de actuar era riesgoso. “¿Por qué?” -preguntó ella, desafiante. Respondió la otra: “Porque estás practicando la licencia sin medicina”… Don Cornulio recibió en su casa un amigo suyo, norteamericano, que no hablaba bien el español. Le pidió: “Acompáñame a la lavandería. Debo sacar de ahí una caja de cascos de refrescos, y están muy pesados”. Comentó el norteamericano: “Yo suponer que esos cascos ser suyos, porque todo mundo decirme a mí que su mujer de usted ser de cascos ligeros”… FIN.

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