El Mañana

lunes, 21 de octubre de 2019

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Una de choferoces

20 septiembre, 2019

Los choferes del transporte público son el cuento de nunca acabar de los usuarios del transporte público, desde su mala manera de conducir, hasta la constante discriminación que ejercen a las personas con alguna discapacidad.

La historia se repite una y otra vez; alguna persona de la tercera edad o con alguna discapacidad en una parada de camiones hace la señal para solicitar que el autobús se detenga para recogerlo, pero el chofer los ignora por querer evitarse lo que es su trabajo, realizar lo necesario para que pueda subir la persona y bajarse en donde lo requiera, con los cuidados que éstos implican.

Algunas asociaciones han hecho que los choferes atiendan talleres de sensibilización y éstos acuden usualmente convocados por las delegaciones; sin embargo todo lo dicho en los talleres se ve reflejado en muy pocos.

A este problema se suman las malas condiciones de las unidades, que no tienen las adecuaciones para atender a personas con discapacidad, como lo cumplen en otras ciudades -como Laredo-, pero al final, la mala actitud de los operadores pesa más.

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Por si esto fuera poco, la frecuencia de paso en varias rutas es muy tardada, tanto que algunos usuarios deben destinar cuatro horas diarias o más sólo para ir de sus casas a sus centros de empleo y de regreso, cuando no se trata de una distancia que lo amerite.

Esa problemática deriva en que no puedan confiar en el transporte público para sus traslados, pues constantemente algunos terminan siendo suspendidos de sus jornadas por no llegar a tiempo, por culpa de los camiones.

Entre los principales requerimientos de una ciudad avanzada y hasta ecológica, está el transporte público eficiente, pues éste reduce la cantidad de vehículos particulares circulando y de ahí decrecen las emisiones a la par que brinda fluidez y dinamismo a las vialidades al no encontrarse tan saturadas.

La falta de voluntad política parece haber prevalecido a la hora de modernizar el transporte público, de hecho era uno de los “ejes rectores” de la primera campaña de Rivas, que ya en su segundo periodo no se ha visto ni la más mínima intención de cumplir; pues había prometido unidades con aire acondicionado, wi-fi y hasta algunas unidades “oruga” que aseguró ya había comenzado a gestionar o planear con empresas del interior del país donde se habían implementado.

Sin irnos tan lejos, esto se ve en Monterrey, es decir, es posible, pero no se ha querido poner en cintura por parte del Municipio ni del Estado a los concesionarios.

La reglamentación es que no deben circular unidades de más de 10 años de antigüedad; ahí es donde el chiste se cuenta solo, para quienes tienen una imagen clara de los camiones que dan el servicio en la ciudad.