El Mañana

lunes, 24 de junio de 2019

Pedro Chapa Salinas
En voz alta Pedro Chapa Salinas

Una postura de altura

27 enero, 2019

Lo sucedido esta semana que termina en el país hermano de Venezuela es al mismo tiempo lamentable y desafortunado, así como históricamente inaudito. La violencia generada a raíz de la autoproclamación del presidente de la Asamblea de Representantes, Juan Guaidó, como presidente interino, es completamente reprobable, así como también lo es la injerencia extranjera en los asuntos públicos que incumben única y exclusivamente a la soberanía de los venezolanos.

Para nadie es novedad la escalada de la crisis que ha suscitado la abierta confrontación entre el gobierno de Maduro y la oposición, cuyo punto de ebullición llego a su máxima expresión en el momento en que de manera apresurada, casi simultánea a la instauración inconstitucional del virtual nuevo gobierno, reconociera un grupo de naciones lideradas por los Estados Unidos.

Esto hace, además de parecer un plan orquestado desde fuera del propio país, avivar el fuego ya de por si incandescente que se vive en aquel país.

El día de ayer se llevó a cabo una reunión extraordinaria convocada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el que se debatió como único tema en la agenda la grave situación, no sólo política y gubernamental, sino económica y social, que embarga a la República Bolivariana de Venezuela. La discusión fue intensa y las participaciones de los embajadores de distintas latitudes fueron en su mayoría encaminadas a no estar a favor del régimen de Maduro, pero tampoco al uso de la fuerza injerencista como solución al conflicto.

La carta de las Naciones Unidas es precisamente el resultado de la proclamación internacional del respeto a los derechos universales, incluyendo el de mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz. Esto mismo se advirtió por los distintos participantes como la razón por la que desaprobaban la manera en que se pretende tomar partido en un asunto que incube única y exclusivamente al pueblo venezolano, sin dejar a un lado la importancia de velar por los derechos humanos en el vecino país.

México, por otro lado, dejó en claro su postura de autodeterminación de los pueblos hacia el principio de la no intervención, así como la observancia del respeto mutuo hacia las diversas formas independientes de gobierno, exigiendo en todo momento buscar, ante todo, una solución negociada basada en el diálogo y la conciliación, proponiendo un proceso de negociación creíble e incluyente con pleno respeto a las partes en conflicto. Así como instó a los países miembros en contribuir en reducir las tensiones y hacer los mejores esfuerzos por evitar un escalamiento del conflicto, reiterando nuestro completo apoyo, compromiso y disposición en trabajar conjuntamente en favor de la estabilidad, el bienestar y la paz del pueblo venezolano.