El Mañana

lunes, 24 de junio de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

Uniformad@s

7 junio, 2019

“¿Falda o pantalón?”, me pregunto todas las mañanas antes de vestirme. Confieso que prácticamente diario me inclino por la segunda opción. ¿Por qué? Porque no hay nada más práctico, confortable, pero sobre todo, liberador que usar pantalón, no en balde ahora a esta prenda se le conoce como el símbolo del feminismo. No hace mucho, las mujeres no contábamos con esa libertad.

Cuántos novios todavía en los ochenta le sugerían (suplicaban) a su pareja no usarlos. Para estos retrógradas significaba ser poco femenina, demasiado liberal. “¿Para qué ocultas tus piernas tan bonitas con esos pantalones?”, “Me gustas más con tus faldas amplias”, “De pantalones te ves muy marimacha”, etcétera, etcétera.

Estoy segura que en muchas ciudades de provincia sigue existiendo este prejuicio. A ellos, novios, hermanos y padres, habría que decirles que desde la Revolución francesa, las mujeres ya llevaban pantalones, incluso, la Prefectura de la Policía en París extendía el permiso que decía: “Permission de travestissement”, es decir, permiso para travestirse. Las mujeres que deseaban usar pantalones debían contar con una autorización para “vestirse como hombres”, sin ella no podían ponérselos.

Hasta 1909 ya fue permitido sin necesidad de solicitarla, ya sea para montar a caballo, hacer ski o andar en bicicleta. A pesar de las restricciones, durante todo el siglo XIX, las francesas lucharon por llevar libremente los pantalones, especialmente las feministas como la escritora George Sand. Pero no fue sino hasta 1920 que se usaron con más frecuencia, sobre todo las mujeres que trabajaban en el campo, en las minas y en las fábricas. Diez años después, quién lo iba a decir, los pantalones para mujeres se pusieron de moda gracias a actrices como Marlene Dietrich, Katharine Hepburn y Greta Garbo. Para la “alfombra roja” de esa época, no había nada más chic que las artistas usaran un smoking, negro o blanco, diseñado por Coco Chanel.

Cuando Antonieta Rivas Mercado regresó de París, en esos mismos años, en su guardarropa tenía varios pares de pantalones, así como Frida Kahlo.

Fue en la década de 1960, cuando el pantalón para las mujeres se democratizó aún más, poniéndose realmente de moda gracias al diseñador Courrèges, pero sobre todo, a Yves Saint Laurent. “Chanel libera a la mujer y Saint Laurent le da el poder”, decía su pareja Pierre Bergé. Ya por los setenta, se les veía pasearse por las calles de París, Nueva York, Roma, Londres y hasta de la CDMX, en pantalón de lana, de lino, de terciopelo y hasta en jeans.

En los años sesenta en México no se podía asistir a misa en pantalones, nada más las feligresas lesbianas, o muy “ligeras de cascos” los usaban y por ello era muy mal visto. Nunca vi a mi madre de pantalones, a pesar de que era ella la que los llevaba. Siempre vi a mis tías, primas y hermanas mayores en falda: escocesa, de tubo o plisada. Nunca las vi de minifalda, ni con pantalones “pesqueros”. De vez en cuando, y con cierto pudor, se daban permiso de usar “falda pantalón”.

Actualmente, los usan más; no obstante, jamás se vestirían con “leggins”, con unos jeans muy apretados o de piel. Sus pantalones deben ser muy clásicos, ya sea de franela o algodón, sin olvidar las “pinzas” en la cintura y que combinen siempre con un blazer.

“Quedaron atrás las épocas en donde las niñas tenían que traer falda y los niños pantalón, yo creo que eso ya pasó a la historia, ahora los niños pueden traer falda, si quieren, y las niñas pantalón, si quieren”, destacó Claudia Sheinbaum hace unos días. Para la jefa de Gobierno, este es un tema en torno a la equidad de género. Por su parte, el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, confió en que el programa “uniforme neutro” sea homologado en otras entidades de la República. “Los padres de familia quieren mantener el uniforme escolar y eso está muy bien, pero no es necesario que las niñas siempre tengan falda, pues si los adultos nos vestimos con falda o pantalón, ¿por qué las niñas no pueden hacerlo?”, aseveró Sheinbaum. No podría estar más de acuerdo con ella, incluso en que los niños lleven falda, si así lo desean.

Las faldas para hombres existen desde hace años. En las islas de Samoa, los varones llevan faldas largas. Las que me encantan son las faldas muy plisadas que usan los derviches de Turquía. Y qué decir de las “kilt” escocesas que usa el príncipe Carlos. Cuando la lleva se ve aún más masculino que cuando usa pantalones. Finalmente un pantalón o una falda no define la identidad sexual.

gloaezatovar@yahoo.com

Artículo Guadalupe Loaeza

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