El Mañana

domingo, 18 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Venta de garage

3 junio, 2019

En una prisión texana el hispano condenado a muerte vivía sus últimos instantes. Llegó en eso el capellán de la cárcel y le dijo: “Ultimio: tu ejecución estaba programada para esta hora, pero te conseguí con el Gobernador 30 minutos de gracia”. “No es mucho -contestó el tal Ultimio, apesarado-. Pero en fin, que venga Gracia”… Era domingo, y don Pacacio iba en su coche por los suburbios de una ciudad cuyo nombre no diré por razones que mis cuatro lectores habrán de comprender. De pronto vio algo que le llamó grandemente la atención, hasta el punto en que detuvo el automóvil para cerciorarse de que lo que veía era cierto. En efecto, sus ojos no se habían engañado: en la cochera de una casa tres parejas estaban haciendo el amor desaforadamente sobre sendos catres de lona. Don Pacacio, ya lo sabemos, es activista moral, y aquel espectáculo soliviantó sus ideas, principios y valores. Se sintió llamado a salir por los fueros de la decencia, de modo que llamó con grandes golpes a la puerta de la residencia. La abrió una mujer cincuentona, bastante entrada en carnes, maquillada con estrépito y con varios kilos de joyería falsa encima. “¡Oiga, señora! -profirió el indignado caballero-. ¿Qué clase de casa es ésta? ¿Ya se dio usted cuenta de que en su cochera hay tres parejas realizando a la vista del público en general un acto que solamente los casados deben realizar, y eso en la privacidad de su alcoba; evitando hacer ruidos extraños; siempre en la posición del misionero; sin incurrir en variantes exóticas; lo más rápidamente posible y cumpliendo con las estrictas normas de la castidad matrimonial?”. Replicó la madama: “Señor: ésta es una casa de mala nota, y todos los domingos tenemos venta de garaje”… Don Algón le propuso a su linda secretaria: “Señorita Rosibel: la invito esta noche a ir conmigo a un departamento que acabo de comprar. Beberemos una copa de champaña, o dos, o tres; bailaremos al compás de la cadenciosa música de Percy Faith y luego haremos el amor, también en forma cadenciosa. Repetiremos lo mismo dos veces por semana, los martes y los viernes”. “¡Oiga usted! -se indignó ella-. ¡No soy de ésas!”. “Qué lástima -se apeno el salaz ejecutivo-. A cambio de su gentileza yo pensaba obsequiarle el departamento; regalarle un coche último modelo y pasarle una buena cantidad mensual”. “Entonces -dijo al punto Rosibel- sí soy de ésas”… Cierto soldado fue con el médico del batallón y le informó: “Tengo problemas para dormir, doctor . Si me acuesto del lado derecho el problema es el riñón. Si me acuesto del lado izquierdo el problema es el hígado. Si me acuesto boca arriba el problema es el estómago…”. Sugirió el galeno: “¿Y por qué no se acuesta boca abajo?”. Respondió el soldado: “Si me acuesto boca abajo el problema son mis compañeros de barraca”… Llegó don Astasio a su casa y, como de costumbre, encontró a su esposa Facilisa en brazos de un jayán con quien estaba practicando toda suerte de evoluciones sobre cuya naturaleza erótica no había lugar a dudas. Sacó don Astasio la libreta donde apuntaba denuestos sonorosos para decirlos a su mujer en esos casos, y con enérgico tono dio voz a los siguientes términos: “¡Mujer de mácula! ¡Pela! ¡Churriana! ¡Meretriz!”. El calificativo ‘meretriz’ ya lo había usado, pero las demás voces -“pela”, “mujer de mácula” y “churriana”- eran de riguroso estreno. Al oírse llamar con tan pesados adjetivos doña Facilisa le dijo a su marido al mismo tiempo que proseguía sus lúbricos meneos: “Ay, Astasio. ¿Otra vez con tus infundados celos?”… La mujer de Babalucas leía el periódico de la mañana. Le comentó a su esposo: “Compraron dos góndolas para el lago de Chapultepec”. Opinó Babalucas: “Hubieran comprado mejor una góndola y un góndolo, a ver si se reproducen”… FIN.