El Mañana de Nuevo Laredo

Gerardo Villegas Rodríguez

Pleroma Zero

Gerardo Villegas Rodríguez

11 agosto, 2020

Virulencias y la pandemia que nos tocó vivir



El escritor mexicano, Salvador Elizondo, decía que “el olvido era más tenaz que la memoria”, y tenía razón porque debido al paso implacable de los tiempos muchos asuntos han pasado de largo en el anecdotario mexicano, uno de ellos es el de la epidemia de viruela que influyó en la caída de la gran Tenochtitlán, misma que se llevó a otro mundo al último tlatoani, Cuitláhuac.
Dicen los historiadores que, el primer encuentro en El Nuevo Mundo con la viruela se produjo en el año 1518, cuando el mal llegó a la isla de La Española y atacó de manera cruenta a la población indígena, donde según Fray Bartolomé de Las Casas, sólo sobrevivió un millar de personas, más tarde, desde La Española, la viruela viajó a México, llegando con la expedición, que se unió a Cortés en el año 1520.
Ese mismo año, una pequeña flotilla española comandada por Pánfilo de Narváez abandonó Cuba para dirigirse a la Nueva España, algunas de las naves transportaban caballos y casi un millar de soldados españoles, pero lo que nadie sabía es que uno de estos oficiales traía consigo un arma más letal: la viruela.
Francisco de Eguía es considerado el primer caso del virus en tierra azteca, fue trasladado a la casa de una familia de la ciudad de Cempoallan, al poco tiempo, los miembros de la familia adquirieron el virus y, en cuestión de diez días la ciudad ya era un cementerio. Y aquellos que decidieron mudarse, llevaban el virus consigo.
Para septiembre de 1520, la viruela se había expandido por el Valle de México y un mes después, en octubre llegó a Tenochtitlán. En ese tiempo vivían en la capital azteca alrededor de 250 mil personas, pero cuando llegó diciembre, al menos un tercio de la población había muerto víctima del virus.
El peligro de que la viruela se propagara en una población casi pura en materia de salud, ocasionó severos daños en la población indígena, la que por supuesto no contaba ni con los paliativos ni con el medicamento para combatirlas.
Pero es pertinente saber qué es ese mal exactamente, de acuerdo al historiador Edmundo Fayanas Escuer, “la viruela es una infección aguda del virus Variola, que pertenece al género de los Orthopoxvirus y se considera que el virus emergió para afectar a las poblaciones humanas ya en el año 10000 A. C. Asimismo la viruela ha tenido un gran impacto en la historia de la humanidad y en el establecimiento de las sociedades actuales, destacándose como una de las enfermedades con mayor potencial devastador.
Durante las primeras manifestaciones de dicha enfermedad, era casi el 90% de la población la que moría y, en el mejor de los casos, cuando la situación era menos grave, afectaba al 30% de los habitantes. Aunque hay otro factor interesante por resaltar, pues la epidemia no sólo radicó en el regreso de los nativos, sino también en los regalos que los españoles trajeron a su vuelta y que tenían destinados para los caciques de las islas americanas”.
Tras la viruela, el sarampión llegó a América en el año 1531, año en el que Europa ya había superado la enfermedad, cuando ésta era considerada antigua e infantil. Como peste, dicha enfermedad se incrementó en México en el año 1545, ello de nuevo gracias a la llegada de las embarcaciones provenientes del viejo continente, pero en esta ocasión fue propagada por las ratas que venían en ellas.
Lo cierto es que las plagas han acompañado a las guerras a lo largo de toda la historia de la humanidad, en la Biblia es donde se encuentran las primeras menciones de la peste. En el Antiguo Testamento hay claras alusiones a las epidemias, en Éxodo (9, 5) puede leerse: “Jehová dijo a Moisés y Aarón: Coged puñados de ceniza de horno y espárzala Moisés hacia el cielo a vista de Faraón y se convertirá en polvo menudo en toda la tierra de Egipto de lo que resultarán tumores apostemados así en los hombres como en las bestias”.
La memoria de las enfermedades tiene un espacio generoso entre los estudios médicos, pero en la vida cotidiana es casi nulo, y no fue hasta la aparición del Covid-19 que la información al respecto abunda, ora de manera erudita, ora de manera ignorante, pero lo cierto es que los estudios sobre esta pandemia abundan y a diario se reproducen, no así su cura y tratamiento, para levantar la mano en señal de triunfo, faltan quizá años, mientras tanto a vivir la pandemia que nos tocó vivir.

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