El Mañana de Nuevo Laredo

Paloma Bello

Apuntes desde mi Casa

Paloma Bello

3 enero, 2021

… Y no estabas tú



La anécdota que podría definir la fórmula de trabajo de Armando Manzanero, es la protagonizada con Gabriel García Márquez:
El Nobel de Literatura solicitó a don Armando le permitiera escribir la letra de una canción para que éste le pusiera música. Estuvieron trabajando juntos. Días después, humildemente, García Márquez declaró que le resultaba imposible depositar todo un mundo, una historia completa en unas cuantas líneas, como solamente el señor Manzanero podía hacerlo.
Acaso por esta visión literaria, la trascendencia mundial de sus canciones sea el paradigma de una conjunción perfecta entre letra y música. Una sola frase, simple, llana: “esta tarde vi llover, vi gente correr, y no estabas tú”, goteando de las teclas del piano, fue argumento suficiente para sellar un momento en la vida de jóvenes y mayores, en cualquier lugar del orbe.
Mexicano universal, porque no hay paralelo entre algún otro compositor iberoamericano que haya podido, durante seis décadas continuas, crear poemas musicales manteniendo vigentes sus atributos de calidad y madurez. Quizá ahí radicase la identificación entre los sentimientos del autor y los escuchas, ya fuese en español, en turco, portugués, italiano y demás traducciones.
La importancia de sus letras se fundamenta en la estructura gramatical impecable, delicada, y consagrada exclusivamente a cantarle al amor, a la mujer. Jamás una frase burda, ramplona, ordinaria. Por el contrario, refinado y a la vez sencillo en sus expresiones, hasta en los temas de connotación sensual, como Por debajo de la mesa o Huele a peligro, demostró que la elegancia no está reñida con la popularidad.
La importancia de su música, construida con inspiración y conocimiento académico, ha sido amada por los ejecutantes de Orquestas Sinfónicas, así como por intérpretes de distintos géneros, que van desde Plácido Domingo y Andrea Boccelli, hasta la Sonora Santanera y Bronco, pasando por figuras internacionales como Frank Sinatra, Raphael, Julio Iglesias, Vicky Carr, Natalie Cole, Miguel Bosé, etcétera, y el mismísimo Rey Elvis Presley.
Por una parte, la genética. Por otra, el estudio y la disciplina. Hijo de un trovador profesional y de una bailarina del folklore yucateco, don Armando estudió piano y solfeo desde muy tierna edad, en la Escuela de Bellas Artes del Estado, en Mérida. Más adelante, en la ciudad de México continuó sus estudios, y adquirió preparación en música clásica y literatura universal.
Fue hombre ordenado en levantarse temprano, jugar tenis y leer todos los días, antes de iniciar las jornadas de trabajo frente a su piano. En momentos de relax, disfrutaba cocinar para su familia. Defensor de su privacidad, sus escasos amigos cercanos refieren que su conversación era culta e ingeniosa.
Al momento de su fallecimiento, la noticia ocupó las primeras planas de los periódicos: “Manzanero apagó la Luz”, “Llora América Latina la muerte de Armando Manzanero”, “Duelo Nacional por la muerte de Armando Manzanero”, “Nos hizo falta tiempo, Maestro” y cientos y cientos de titulares emotivos.
Sería imposible enumerar todos sus homenajes y reconocimientos. Sin embargo, cabe mencionar que la Organización de los Estados Americanos (OEA), lo declaró, en 2015: “Patrimonio Cultural de las Américas, por su influencia en la música hispanoamericana a lo largo de su carrera”.
Su tema de corte fino, Señor Amor, fue triunfador del Festival de Mallorca, e interpretado por una voz de espléndida tesitura, la de la tamaulipeca Dulce. En octubre de 2020, recibió el Premio Bilboard, porque: “Esta tarde vi llover fue catalogada entre las mejores 50 canciones de la música latina en un lapso de 95 años (1920-2015)”.
Auténtico profeta en su tierra, el maestro Manzanero fue muy mimado, muy querido por sus coterráneos. Le fueron concedidos todos los honores posibles: aplausos a su paso, medallas, su escultura en bronce, su nombre impuesto a una calle, a un teatro, a un museo, y su holograma en una sala especial del Palacio de la Música. El Presidente de la República comunicó personalmente la noticia del deceso a la nación; el gobernador de Yucatán proclamó un día de luto en el Estado, y las embajadas de diversos países hicieron llegar sus condolencias.

Pero el homenaje más conmovedor e impresionante, a mi juicio, fue el convocado por la Sociedad de Autores y Compositores de México, secundado por las Instituciones Culturales y Fundaciones Artísticas de México, América Latina y España: a unas horas de su partida, comenzó a correr la invitación de acercarse a las ventanas y balcones de las casas, a cantar al unísono a las 8 de la noche, tiempo de México, Esta tarde vi llover.
Los medios transmitieron la intervención de las personalidades que asomaron a cantarle, pero el enternecedor coro que se elevó hasta el cielo, fluyó desde cada hogar yucateco para despedir al maya risueño, al hombre pequeñito que, voluntaria o involuntariamente, enamoró para siempre el corazón de quien lo escuchó alguna vez.
Mérida, 3 de enero 2021.

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