El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Ya llegué

3 agosto, 2019

Bueno en primer lugar, primero que todo, y antes de todo, una disculpa, amplia, cumplida y bastante (digo primero que todo y antes de todo, porque si digo antes que nada y primero que nada, ¡pues es nada!) por mi ausencia de dos semanas de este espacio, espero que lo hayan notado; no, no estaba muerto, ni andaba de parranda, sólo de vacaciones, me tomé unos días para huir del calor, no del pueblo y buscar refugio en Acámbaro en la casa de los abuelos paternos y otros días en mi adorado México. En ambos lugares con una temperatura promedio de 23 grados, ¡imagínense!, cuando aquí estamos a 40 y a punto de ebullición.

Como que Dios no es muy equitativo en estas cosas del clima, mientras que allá está lloviendo todos los días por las tardes, en cambio en el pueblo sigue la tremenda sequía; la canícula entró sin agua y saldrá sin agua. Pero bueno, ya viene septiembre, con él, la Feria y con ella los aguaceros y con ellos el calor va a menguar, aunque sea un poquito. Soñar no cuesta nada, igual y ni llueve, pero eso sería extraordinario, no hay Feria sin lluvia. Esperemos que este año, como todos, el pronóstico se cumpla y nos caigan unos buenos y refrescantes aguaceros.

Acámbaro pertenece al estado de Guanajuato, aunque muchos creen que es de Michoacán, no es un pueblo con muchas bellezas, aunque sí con mucha historia; conserva un tramo de un acueducto en el mero centro y aunque ya no funciona como tal, ni la fuente que lo remata, sí conserva su belleza original; otro atractivo que tiene es “el puente de piedra” por el que aseguran, cruzó Miguel Hidalgo durante su periplo de la revolución de independencia ( la primera transformación), ambos datan de la época de la Colonia. Existieron también unos portales de piedra que aseguran se encuentran en un rancho de Jurica, perteneciente a un exgobernador, el cual olímpicamente se los llevó.

Otro atractivo consiste en una antigua fuente que se ubica en el mero centro del mercado que tiene dos niveles, es lo único que se conserva de la antigua hacienda que fuera de los abuelos y donde nacieran mi padre y su único hermano, que es quien conserva la casa, bueno mis primos, pues él hace mucho que falleció. Como ven todo esto representa una parte importante de mi vida, es la historia de la familia y son la sangre que corre por mis venas.

Mi principal objetivo de ir a este remoto pueblo, era el de visitar a las primas que se encuentran materialmente recluidas en la vieja casona de los abuelos. Una que tiene que usar oxígeno las 24 horas del día y la otra, postrada en silla de ruedas a consecuencia de dos embolias muy severas; afortunadamente, ambas conservan muy buen humor y esa actitud ante la desgracia, les permite sobrellevar los días hasta con alegría. Afortunadamente están muy bien atendidas. Dos cocineras que hacen verdaderas delicias, señoras para la limpieza, dos jardineros y enfermera durante la noche, que las saca todas las mañanas muy bañaditas y arregladitas, listas para iniciar el día.

El resto de los días, los pasé en México, que siempre encierra sorpresas como el mini temblor o micro sismo que me tocó, afortunadamente ya estaba acostado y de pronto sentí que me movían la cama y pues era el pequeño sismo, nada tremendo ni peligroso; ya en Semana Santa me había tocado otro similar, pero ese sí que ni lo sentí y eso que fue a media tarde y andaba en pleno Zócalo. Por cierto que cuando fui en Semana Santa, no pude saludar a Elena Poniatowska pues salía para “Can-Cun”, donde le entregarían las llaves de la ciudad (le dije que me sacara una copia, pues siempre se ofrece).

Y ahora, afortunadamente sí pude visitarla, me invitó a comer el sábado pasado, un mole que le trajeron de Puebla y una crema de cilantro, ambos deliciosos, platicamos por un espacio de más de dos horas, platiqué también con “Lolo” el perico de Martina su ama de llaves y en saliendito me fui a Coyoacán, pues ya estaba cerca, nunca he dejado de ir a este precioso lugar de México. Bueno, ya les platiqué todas mis vacaciones, ya les pedí disculpas por mi ausencia, así que no me queda más que despedirme no sin antes agradecer la gentileza de su atención, le deseo que pase un magnífico fin de semana en familia.