El Mañana

miércoles, 17 de julio de 2019

Mauricio Belloc
Selva urbana Mauricio Belloc

Ya ni friegas Cuarón

17 febrero, 2019

Nos damos en la madre porque Trump es racista, nos arrancamos los pelos y las garras acusándolo de discriminatorio, xenofóbico, clasista, chauvinista, esnob y mil fregaderas más, cuando que ¿cómo andamos en México? Acá defenestra nuestra gente a una de las suyas, a una mujer que ya destacó por su naturalidad y además le desean que Yalitza Aparicio no gane el premio Óscar.

Los patrioteros nuestros se la mientan a Donald, pero también al cineasta azteca por haber tenido tal “ocurrencia” de poner a una embajadora de la etnia mixteca (o totonaca, zapoteca o la que sea de entre 68 que tenemos) como estrella en su película.

Película y actuación de la chica que es aclamada ¡en todo el mundo!

La muchacha de 25 años, hoy es estrella, pésele a quien le pese, para retorcijón no sólo de Sergio Goyri, de Yuri, de Patricia Reyes Espíndola, Isaura Espinoza, Ana de la Reguera, Belinda, Laura Zapata y 60 millones y pico de mexicanos más (los otros 60 millones aplaudimos frenéticamente esa ideota de Cuarón y la exquisitez histriónica de la muchacha, para ser ella a la vez que actuar extraordinariamente.

Que el muro fronterizo divide ¡Ja! y más ja (me río de Janeiro, diría un amigo nuestro) mejor psicoanalicémonos, saquemos el psicólogo de bolsillo que todos llevamos adentro, extraigamos al juez implacablemente y cruel, directo y sin ambages, seamos sinceros, digámonos muy en secreto a nosotros mismos, pero sin siquiera abrir la boca con nadie, no vaya siendo que nos reprueben ¡o nos apoyen!, que muchos de ustedes tienen algo de Sergio Goyri, de Belinda o de Laura Zapata.

Saquen los monstruos que tienen en el armario de sus cabecitas de chorlito, dejen salir a esas bestias erguidas que llevan dentro y que reprueban a todos los demás, a los de “abajo”.

Hoy es Yalitza, imaginamos que antes fue Benito Pablo Juárez García, que de pastorcillo indígena, llegó a ser presidente de un país ¡de éste precisamente!, qué casualidad.

Somos una nación de “Trumps”, con millones de sanababiches que preferimos traer a unos perros y gatos con ropa de diseñador, tenerles un nutriólogo, sentarlos a la mesa en un restaurante de postín y llevarlos de vacaciones a New York o Cancún, pero que a las “Marías” les hacemos el fuchi en la calle, cuando nos ofrecen saladas semillas de calabazas, un chicle Canels o una paleta Tutsi Pop.

¡Chupa Pop!, eso es lo que son muchos mexicanos, reprobando al presidente gringo porque no quiere que vayamos al Mall Del Norte a aplastarnos por horas en el aire acondicionado y consumir sólo una hamburguesa, con papas y refresco (rellenado el vaso tres veces y para llevar sin hielo, para que le quepa más chesco), pero que acá no soportamos a los indígenas, tampoco a los chapines, catrachos, cuscatlecos y demás parias venidos de las tierras al sur.

ÓSCAR A LA MEJOR PERSONA

Que gane el Óscar, que Yalitza Aparicio triunfe este próximo domingo 24 de febrero, para que se convierta en una heroína de todas esas razas sobajadas y pisoteadas en el mundo, porque esto de reprobar y escupir a los otros, es algo parejo, de todo el globo terráqueo, no nada más de los mexicanos o del presidente gabacho y los “red necks” de allende el Bravo.

Irónicamente el día de los “Óscares”, es el 24 de febrero, es el día de la Bandera mexicana, símbolo de nacionalismo, de fervor patrio, de ponernos orgullosos por lo nuestro, que lo nuestro fueron primero las etnias que ya estaban aquí, y que después surgieron toda esa bola de criollos, mestizos y demás cruzas o mezclas (“tumbabotes” se les llama a los perros que son producto del sexo vil, entre una raza “pura” y una “inferior”).

Desde ya, Alfonso Cuarón se anotó el éxito de su vida, lo sabe, ese triunfo no es porque gane el Óscar o no, sino porque un solo hombre vino a remover los “piojos mentales” de todo un país (y de paso, de todo un mundo) lleno de gente “superior”, que no soporta el más mínimo roce con sus orígenes o con los que estaban primero que ellos, en una tierra yerma.

En México, Cuarón, vino a meterle el palito en el hoyito del hormiguero, para cocorear a todos esos “puros”.

“Puros” que venimos a resultar de las calenturas de inches gachupines bandidos, que no sólo nos robaron todo lo material (el tesoro), sino también el tesoro de la virginidad de nuestras antepasadas indígenas.

Así como sus ibéricas y calenturientas mujeres europeas, se valieron de los mancebos indios, para aplacar sus jariosidades.

Yalitza y el condenado de Cuarón, aunque no gane ella el Óscar como mejor actriz, ni él la estatuilla como mejor película o director, ya van derechito a la historia social de México y del cine de Hollywood.

Además, una inche estatuilla dorada no vale más que unos dólares o pesos. Lo que sí no tiene precio, es lo que esta mujer y este hombre han hecho por México, justo en estos tiempos en que un presidente del país que es meca del cine, reprueba a todos los morenos al sur de río Bravo y hasta la Patagonia.

Pero también Cuarón y Yalitza, ya se ganaron el aplauso nacional por el desmadrito que provocaron entre las clases sociales de este nuestro territorio, de nuestra gente tan patriótica (¿o patriotera?), de una masa de más de 121 millones de cabezas, que reprueba al gobernante de Estados Unidos por ser tan discriminatorio, tan racista, tan clasista, tan xenofóbico y tan snob.