El Mañana

domingo, 08 de diciembre de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

¡Yalitza!

27 febrero, 2019

No hay nada más contrastante dentro de un típico hogar mexicano que el cuarto de una patrona y el de la sirvienta, criada, trabajadora del hogar, o simplemente “maid”, como las llaman las que se sienten muy “ladies”.

No importa la colonia, nivel social o económico, por lo general, la diferencia entre estas dos habitaciones es apabullante. Sin embargo, entre más espléndida y lujosa resulte la casa, el contraste es aún mayor.

Imaginémonos que nos encontramos en el interior del cuarto de la trabajadora doméstica de una súper mansión de Las Lomas, Polanco, San Ángel o Pedregal con su respectivo walking closet para él y para ella.

Después de haber subido una escalera de caracol llena de vueltas abrimos la puerta del cuarto de servicio. De pronto, nos envuelve un olor a fruta madura, crema para el cuerpo (la rosa) y ropa recién planchada.

El cuarto no mide más de 3 por 3 y está pintado de azul claro. El techo tiene humedad y las paredes están un poco descarapeladas. Hay dos camas de fierro individuales. En la cabecera de una de ellas vemos un cojín. En el centro lleva un corazón bordado y dos palomas sosteniendo un listón donde se lee: “Tuyo es mi corazón”. La otra nada más tiene una sábana y cobijas viejas.

Entre las dos camas hay una mesita repleta de cosas: un radio, pinturas de uñas usadas, dos tubos de plástico, pasadores, cepillos con cabellos muy negros, enredados, la mitad de una naranja pelada, un desodorante, una botellita de crema para las manos, una loción, un florerito con tres flores de plástico y un portamonedas. El piso está cubierto de linóleum.

En medio, entre las dos camas, aparece un retacito de alfombra de la que sobró de la sala de los patrones, y un ejemplar de la revista en cuya portada aparece Yalitza Aparicio.

Sobre los muros hay un póster del Papa y un calendario de la Virgen de Guadalupe. A un lado está un armario; una de las puertas está abierta y en el interior vemos tres uniformes de cuadritos rosa y blanco, una falda negra sumamente vieja (regalo de la patrona), cuatro blusas de poliéster y seis vestidos con estampados.

En el piso del mueble se ven varios pares de zapatos muy usados (obsequio de la patrona), tenis y un par casi nuevo de tacón alto. A un lado está un armario muy bajito sobre el cual aparece una televisión, la cubre ligeramente una carpetita blanca. A un lado del televisor hay muchos pomos con restos de cremas. Por los tres cajones de este mueble, a medio cerrar, se descubren suéteres, ropa interior en colores pastel, delantales sin planchar, medias, calcetas, playeras que dicen “I Love NY”. En el suelo contra el muro, hay una hilera de cascos de refrescos, una charola en donde aparecen un plato hondo y restos de tortillas duras.

Cerca de la puerta del clóset, que nada más se utiliza para colgar ropa recién planchada, está el burro; la plancha es estadounidense, de vapor. Sobre el burro vemos tres camisas azules recién planchaditas.

A un lado está el canasto de la ropa limpia, en desorden. La patrona no sabe que están sus blusas de algodón revueltas con servilletas y tres trapos de cocina, un tortillero, el pantalón de gabardina del señor, y muchos pares de calcetines de los niños.

El baño es muy pequeño y no tiene azulejos. Está pintado de amarillo canario y tiene mucha humedad. Detrás de una cortina de plástico percudida y a medio caer aparece una pequeñísima regadera.

De todos sus diminutos orificios, nada más salen seis chisguetes de agua tibia, porque el boiler de las muchachas está descompuesto. Alrededor de una de las dos llaves vemos un calcetín enredado para evitar que gotee.

En la jabonera está un pedacito de jabón y medio estropajo muy usado. El lavabo está eternamente tapado, así como la taza del baño, que no tiene tapadera. No hay papel sanitario. Recargado sobre el muro aparece un pedazo de espejo roto. Hay 2 millones 400 mil personas que realizan trabajo doméstico en México. Prácticamente todas carecen de seguridad social y reconocimiento legal, esto significa que es discriminatorio excluir a las trabajadoras domésticas del régimen obligatorio del IMSS.

Gracias a Yalitza Aparicio, esto se acabó. Ahora es obligatorio que cuenten con un contrato escrito, garantizarles un salario mínimo, seguridad social y las prestaciones de ley vía contrato y oferta de trabajo legalmente establecido, además de contar con una habitación digna y funcional.

gloaezatovar@yahoo.com