El Mañana

martes, 18 de junio de 2019

Laredo Texas 14 junio, 2019

Recorren Patrulla Fronteriza y la prensa el caudal del río

La prensa de los dos Laredos recorrió el río Grande o Bravo en las lanchas rápidas de la Patrulla Fronteriza

MAURICIO BELLOC/EL MAÑANA

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Por MAURICO BELLOC

LAREDO, TX.- Las lanchas rápidas con motor fuera de borda de la Patrulla Fronteriza, surcaron con la prensa como su invitada, el río Grande. Emocionante viaje de este a oeste, desde la colonia Santa Rita hasta el barrio Siete Luces, o sea desde la planta tratadora suroriente de aguas residuales en Nuevo Laredo, hasta la colonia El Remolino en la parte mexicana, siempre partiendo de la base acuática de la agencia federal, ubicada abajo del Puente Internacional Número 1.

Y por algo van 63 muertos este año, ya sea en las aguas o bien a campo traviesa, pues alcanzar tierra adentro, es un poco más fácil en el área urbanizada, no así en despoblado.

El recorrido en una mañana muy soleada, es para que los reporteros con sus ojos y los de las lentes de sus cámaras, den cuenta de los peligros a los que se exponen los extranjeros indocumentados que intentan ingresar a Estados Unidos por esas aguas en el área de Laredo sólo por cuanto a su zona urbana, ni hablar donde no hay nada, ni como alcanzar la civilización.

Sorprendentes rápidos y no menos asustadores remolinos que surgen sin esperarlo y que desanimarían a cualquiera sólo de saberlos ahí; igual de peligrosos son los troncos que adquieren gran velocidad y se convierten en contundentes proyectiles, afiladas y puntiagudas rocas a medio río, que ruidosamente rompen la creciente del afluente, pero que igual -y de noche- pueden quebrar un brazo, pierna o cabeza de alguien.

La maleza casi infranqueable en la orilla gringa -y eso que es de día-, los animales muertos y otros obstáculos convierten el escenario en algo no muy convincente, máxime para quien no es ducho en nadar en esas condiciones.

Y sí, es verdad, hay varios accesos creados por el hombre, en la anhelada tierra norteamericana, para que los indocumentados puedan alcanzar la orilla, negada muchas veces, en bastantes intentos, pues tales deseados puntos están muy vigilados por los hombres con uniformes en color verde.

Tal y como lo pudo comprobar un grupo de 10 indocumentados que en dos o tres inflables cámaras de llanta, todos asidos a las mismas ya habían llegado al lado norteamericano, pero que voluntariamente retornaron a lado mexicano, al ver a los agentes federales esperándolos en el lado norte del afluente.

Quizá haya otra oportunidad, tal vez al anochecer, aunque aún no es ni media mañana, son apenas las 10 horas.

Camionetas de color blanco con franja transversales en tono verde, estratégicamente colocadas en puntos altos o en sitios de gran visibilidad y al fondo, como guía o señuelo de la tierra prometida, está invitadora la enorme bandera estadounidense, el gran paño de rayas rojas y blancas, con el rectángulo azul tachonado de estrellas.

La orilla de Laredo estadounidense, al menos en lo que es la zona urbana, parece infranqueable, pues adentro hay cuatrimotos, hombres a caballo, ciclistas, en helicóptero, en lanchas rápidas, (como en la que va la prensa) y ni decir del apoyo tecnológico, radares, drones, sensores de movimiento y de temperatura, así como el infaltable apoyo satelital.

Pero en el lado mexicano, hay también otros ojos vigilantes, son de la gente que no se ve en la orilla, pero que tiene la firme convicción de cruzar, a como dé lugar, para alcanzar el norte del país vecino, por primera vez, en el tercer intento o en el enésimo.

Es esa raza del sur que no se cansa, y no lo hace porque dice que no hay otra opción, pues sus familias tienen que comer y ellos jugársela por los suyos, aunque les vaya la vida en prenda.