El Mañana de Nuevo Laredo

26 mayo, 2020

Recuerdan don Ernesto, Nicolas y Salvador las batallas




A estos tres hombres su patria les debe mucho; son hermanos de sangre, de dolor y sufrimiento en la guerra de Corea

Por Mauricio Belloc


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LAREDO, TEXAS.- Ernesto Sánchez tiene 91 años de hombría, Nicolas Nañez cuenta con 89 de bravura y Salvador Sciaraffa tiene 88 años de valentía, este último en su pecho lleva entre otros galones y medallas, la “Estrella De Bronce”, que solo se le otorga a los bravos guerreros.

Los tres son hermanos de sangre, de dolor y sufrimiento en la guerra de Corea, esa que sobrevino entre el 15 de junio de 1950 y el 26 de julio de 1953.

A estos tres hombres su patria les debe mucho, son de esos seres que tienen ganado todo.

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Y también, son grandes personas e historias vivientes que tienen mucho que contar, por todo lo vivido al enlistarse voluntariamente allá en sus mocedades, para el Ejército de Estados Unidos e ir a combatir a Corea Del Norte, en la débil Corea Del sur, para defender la libertad y combatir el comunismo.

“Y pensar que ahora estamos combatiendo con el enemigo invisible, la Pandemia del Covid-19,

que lástima en verdad, una guerra que lastima fatalmente a millares de compatriotas y a gente en todo el mundo y que vino de ciertos países malos, hoy estamos ante esa guerra que mata sin dar la cara, sin poder hacerle frente, como en el campo de batalla”, dijo don Ernesto Sánchez, Sargento Primera Clase y Líder de Pelotón de Bazukas en Corea, llegado a tal guerra en 1951 a sus 24 años de edad.

Sánchez tuvo un tour o temporada de un año en aquella selva congelada, con temperaturas hasta de menos 50 grados Fahrenheit, vistiendo varias capas de ropaje, de hasta 50 libras de peso, para soportar el gélido asesino, o sea el hielo y su mortífera hermana, la nieve, quemmataban al igual que las balas rivales.

Sánchez, combatió en “La Colina Sin Nombre”, “La Colina Del Sufrimiento” y en “El Triángulo De Hierro”, bastión común de China, Rusia y Corea Del Norte, comunistas aliados para combatir a Estados Unidos y los países occidentales miembros de la ONU, mismos que avanzaban, ganando terreno en el importantísimo y estratégico Paralelo 38 .

“Pasamos siete días y siete noche sin salir del tanque de guerra, en el lugar y la etapa más cruenta de esa guerra, fue en Pork Chop Hill (la Colina de la Chuleta de Cerdo), yo quedé sordo por los estruendos de los disparos del cañón principal y de las metralletas calibre 50, adentro de ese compartimiento, el ruidazo te botaba los tapones para los oídos”, dijo Sciaraffa, de esa guerra donde 33 mil norteamericanos murieron o desaparecieron para siempre, la mayoría al norte del paralelo 38.

Ingeniero de Minas, Nicolás Nañez, prácticamente fue tocado tanto por los estruendos de las detonaciones de los contrarios, como por la cercanía de tales explosiones.

“Rezábamos mucho, por eso nos salvamos, y es que los hombres disparan las balas, pero Dios las desaparrama”, dijo Nañez, quien combatió en el tristemente célebre “Valle De La Muerte” (Death Valley).

Ernesto Sánchez, Sciaraffa y Nañez, tres laredenses a los que Estados Unidos les debe tanto, definitivamente que no cabe una hora, ni un día, ni siquiera toda una semana, sino toda una vida, para charlar con ellos y vivir una de las tantas guerras norteamericanas.


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