El Mañana

domingo, 13 de octubre de 2019

Laredo Texas 13 julio, 2019

Viven su sueño dos pequeñitos; les dan visa humanitaria

Raúl Eduardo Hernández Mota y Sara Aidé Castillo Hernández, de 4 y 10 años de edad, ambos con enfermedades serias, vivieron realidad de volar en helicóptero

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Por Mauricio Belloc

LAREDO, TX.- Gracias a la Policía de Laredo, a CBP por conceder visa humanitaria, pero en especial a la organización caritativa Doctor Sonrisas y a un grupos de personas de Laredo, los niños neolaredenses Raúl Eduardo Hernández Mota y Sara Aidé Castillo Hernández, de 4 y 10 años de edad, ambos con enfermedades serias, hicieron posible su sueño de volar en helicóptero. Además fueron llevados de compras a Walmart, costeados los juguetes por todos los policías, les pasearon por la ciudad escoltados con patrullas y motocicletas.

Y los pequeños fueron llevados a Sea World y al parque inclusivo Morgan Wonderland, ambos en la ciudad de San Antonio, Texas.

Todo empezó cuando Miriam Hernández, directora de “Doctor Sonrisas”, una ONG ejemplar, contactó a Lupita Rueda, amiga suya, funcionaria estatal de la Comisión de Bebidas de Texas, una dama altruista de Laredo, Texas, quien a su vez llamó al sargento Christopher Baker, jefe de la División de Policías Ciclistas de Laredo.

Y Baker contactó a William Adsitt, directivo y piloto de helicóptero de la empresa Dragonfly Aviation, dedicada a clases de pilotaje y servicios diversos en dichas naves ligeras, quien se ofreció sin costo a pasear a los niños, su helicóptero, sus servicios y el combustible del aparato.

El menor Raulito Eduardo Hernández Mota, tenía un doble sueño de vida, ser policía y volar; Sarita anhelaba con conocer Sea World y en especial a la ballena amistosa del lugar.

Estas tres personas adultas se movieron y consiguieron para Raulito, la visa humanitaria del Departamento de Migración de Estados Unidos, para que viniese a Laredo y a San Antonio.

Además los dos pequeños fueron investidos de policías municipales de Laredo, Texas, partieron un pastel, y los policías locales se cooperaron generosamente para llevarlos de compras a un gran almacén local, colmándolos de juguetes, ropa y calzado, siempre escoltándolos con patrullas y motocicletas de la corporación, desde mitad del puente internacional donde los recibieron, así como toda su estancia y recorridos en esta frontera texana.